martes, 18 de agosto de 2015

REINA POR UN DÍA


                                                                                                                  Reinas por un día



Agosto de 1965:

Aquella calurosa tarde de verano, la platea del cine Cervantes no dejaba de recibir público. El pasillo central parecía una pasarela de modelos. Muchachas rubias, morenas, castañas; trajes rojos, blancos, azules, amarillos...Los hombres lucían sus mejores galas, su cabello, que horas antes peinaron en sus casas, resplandecía a causa de la brillantina.
Los aromas de los perfumes se mezclaban con el calor, dejando un gusto a almizcle en las gargantas del público.

En casa de José María y Maruja, aún discutían si estaba bien o no que su joven Rosa acudiese a ver la obra teatral que habían preparado los jóvenes del pueblo, ya que su prometido, Rafael Salvador, estaba prestando el servicio militar.

José María guiñó un ojo a su pequeña, y ésta, devolviendo una sonrisa cómplice a su padre, cogió un pañuelo y lo ató a su cuello. Corrió hacia el brazo de su progenitor, y lo agarró fuertemente, mientras apoyaba la cabeza sobre su hombro. Maruja sonrió al ver lo orgulloso que iba su marido con su pequeña Rosa.

La obra de teatro aún no había comenzado. Mari Carmen Cobos hacía su entrada en el cine Cervantes y las cabezas de la platea giraban a su paso admirando la belleza de la joven. Tras ella, la familia Martinez Burgos. Rosa al ir escoltada, pareció pasar desapercibida.

El escenario se iluminó, mostraba un salón con un mayordomo que acudía al sonido de la puerta que presidía la sala. La abrió, y tras ella apareció, D. Claudio, (Antonio García, “El Maestrillo”), los aplausos inundaban todo el teatro. Estaban estrenando la obra: ”El orgullo de Albacete”.

La gente estaba encantada. Risas, alguna que otra lágrima, y aplausos, muchos aplausos.

Al acabar el primer acto de la obra, el escenario se llenó de pequeñas niñas cantando y bailando. Tras los bailes una pequeña de siete años, Asun Torres Jaraba, empezó a cantar y bailar "Soy la bella lechera del cuento”.

La obra continuó mostrando personajes super realistas que, en algunos casos, se confundían con quienes lo interpretaban. ¡ Qué buenos actores, y qué buen escenario! El cine Cervantes.

Cuando la obra parecía haber acabado, Fernando Rull apareció sobre el escenario y comunicó a todos los presentes la idea que días antes, Joaquina, Antonio Lorca y él habían decidido llevar a cabo.

Llegó el momento que con tanto celo habían guardado: la elección de las que serían Reina, Miss, y Damas de Honor. Hacía años que no se hacía un acto así. Joaquina encontró, entre los álbumes de su madre, una foto de una Miss de 1936, María Cano Martinez, y se les ocurrió la idea de recuperar la tradición perdida. Querían darle bombo y platillo recuperando el glamour que reflejaba aquella vieja foto, que Joaquina aún guardaba en su bolso.

María, aquella mujer que fue reina por un día, se encontraba entre los presentes 28 años después de su reinado, disfrutando de una noche de teatro, sin esperar volver a vivir aquellos maravillosos momentos de sus años de juventud, que creía olvidados .Los recuerdos invadían su mente, y una emoción inundó su ser.

Tras un breve murmullo, todos los presentes cogieron papel y lápiz , y anotaron los nombres de las que creían más guapas, simpáticas o eran de su agrado.

Tras un largo recuento de los votos, Fernando volvió al escenario y presentó a las elegidas.

“Querido pueblo, sin más dilación, paso a nombrar a las Damas de Honor 1965. Posteriormente, daremos el nombre de la Reina y Miss 1965, que serán coronadas el día 26 de la mano de nuestro alcalde “

Mari Pepa Aguaza, Dolores Simón, Joaquina (La de Fermín) , Ángeles Teruel, Matilde, y Pepa Damas de Honor 1965

Miss Cúllar 1965, Mari Carmen Cobos García.

Reina de las fiestas 1965 Rosa Martinez Burgos.

La Platea rompió en un fuerte aplauso.

26 de agosto de 1965

El balcón corrido del ayuntamiento esperaba engalanado para la fiesta, a la Miss, Reina de las fiestas y Damas de Cúllar.

La emoción que se vivía en la plaza era algo casi celestial, no cabía un alma en aquella plaza. Las damas hacían su aparición poco a poco.

De repente, la multitud abría paso a un gran coche negro, que paró a las puertas del ayuntamiento. Bajó del coche un señor vestido con un traje negro, camisa blanca y una corbata de color. Abriéndose paso, corrió hacia la puerta trasera del vehículo, y la abrió despacio, como si quisiera ocultar el máximo tiempo posible lo que había dentro. Un silencio casi sepulcral, fue roto por aplausos y vivas al ver asomar dos bonitos zapatos blancos. Aquello parecía emular el mismísimo cuento de la Cenicienta, aunque esta vez la protagonista era la ya Reina de Cúllar, Rosa Martínez Burgos.

Acompañada de su novio Rafael, que pidió un permiso especial para estar junto a su prometida en un día tan especial para ella, se abrieron paso hasta la entrada del ayuntamiento. Al instante, ella apareció sola en el hermoso balcón saludando a todo el pueblo.Parecía una Reina de verdad, al igual que sus Damas.

La entrada de la Miss, Mari Carmen Cobos García, no fue menos calurosa. La plaza se rompía con silbidos, aplausos, y gritos de elogios a la guapa del pueblo.

Aquel vestido blanco entallado a la cintura, con dos pinzas en el talle a forma de capa, se movía al mismo son que movía sus caderas. El escote palabra de honor resaltaba un estilizado cuello adornado con un collar doble de perlas blancas a juego con unos sencillos pendientes, que no le restaban belleza a sus grandes ojos. Coronada con un gran moño y una tiara de pequeñas perlas, y asida del brazo de su novio, Emilio Latorre, cruzó el umbral del ayuntamiento casi flotando por la emoción.

Al llegar al balcón se fundió en un gran abrazo con Rosa y esta vez las dos, junto a sus Damas, saludaron a sus paisanos como en un bonito cuento de princesas.

Sólo deciros que, por lo que unos y otras me han contado, así pudo ser y he querido hacéroslo llegar a través de estas líneas escritas más con el corazón que con la razón.

Sólo me queda deciros a vosotras, las jóvenes de hoy, que os dejéis ser Reinas por un día, porque según vuestras antecesoras este día no se olvida nunca.

Gracias a Joaquina García, Antonio Lorca,José García Mesa, Rosalía Sánchez, Cielo Sánchez, Conce García, Antonio García,”El Maestrillo”, Fernando Rull, Paco Aguaza y alguien más, seguramente, cuyo nombre desconozco. Ellos fueron quienes rescataron este día que quedó dormido en 1936.

                                                                                                                     
 Pedro L. Torres, "El Saúco"